Generalidades de la incontinencia

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Las personas con incontinencia urinaria frecuentemente sufren de otras condiciones que también afectan su salud; además, están en riesgo de sufrir depresión y aislarse socialmente. Pero la incontinencia urinaria no es sólo un problema para la persona afectada, sino también para el cuidador, los familiares y los amigos. En este sentido, para poder brindar un apoyo de manera integral, el cuidador debe conocer las generalidades de la incontinencia, sus causas, los síntomas, el tratamiento, los signos de alerta y las complicaciones, con el objetivo de determinar qué medidas se pueden y deben tomar en casa ante una situación dada.

La incontinencia urinaria se define a grandes rasgos como la pérdida del control de la vejiga, lo que resulta en la salida involuntaria de la orina. Esta condición puede afectar más a las mujeres, pero también se puede presentar en los hombres, especialmente en los de mayor edad. El sobrepeso y ciertas enfermedades, como la diabetes, hacen que una persona esté en mayor riesgo de tener incontinencia.

El control normal de la vejiga depende de una correcta interacción entre el cerebro, los nervios y los órganos de la pelvis, que incluyen la vejiga, la uretra, los músculos del piso pélvico y, en los hombres, la próstata. Cualquier disfunción en alguno de estos componentes del sistema podría resultar en incontinencia.

Las causas más conocidas de incontinencia son enfermedades o condiciones como la diabetes, el Alzheimer, la esclerosis múltiple, enfermedades vasculares, las infecciones urinarias, la obesidad, el sobrepeso y el estreñimiento. En las mujeres, una causa común es la menopausia, en la cual se ve adelgazamiento y pérdida de hidratación de la vagina y la uretra. Adicionalmente, el parto vaginal debilita y estira los músculos de la pelvis, causando incontinencia. En los hombres es común la incontinencia causada por una próstata aumentada en tamaño o secundaria a una cirugía de esta glándula.

Algunos medicamentos, como los que se usan para condiciones del corazón, de la tensión arterial, relajantes musculares y sedantes, también pueden causar incontinencia.

Los síntomas pueden variar desde un goteo menor de orina hasta filtraciones severas que mojan toda la ropa. Y dependiendo del tipo de incontinencia, se van a presentar ciertos síntomas temporales y a largo plazo:

  • Incontinencia de estrés: salida de orina al ejercer presión sobre la vejiga al toser, estornudar, reír, hacer ejercicio o levantar algo pesado (maniobra de Valsalva).
  • Incontinencia de urgencia o imperiosa: las personas experimentan una sensación de urgencia para vaciar la vejiga, pero en ocasiones no logran llegar al baño. Los más común es que las personas con este tipo de incontinencia orinen frecuentemente, incluso durante las noches.
  • Incontinencia por rebosamiento: debido a que la vejiga no se vacía completamente, las personas experimentan un goteo frecuente y, en ocasiones, constante.
  • Incontinencia funcional: este tipo de incontinencia se debe a que las personas tiene alguna condición física o mental que les impide llegar al baño.  
  • Incontinencia mixta: incluye síntomas de dos o más de las anteriores.

El tratamiento dependerá del tipo de incontinencia, por lo que es importante que el cuidador acompañe a la persona afectada para aportar lo que pueda a la historia clínica. El diagnóstico comúnmente requiere de valoraciones adicionales que pueden incluir un análisis de la orina, un diario de función de la vejiga y exámenes como medidas de residuo postmiccional (cuánta orina queda en la vejiga después de orinar), pruebas urodinámicas, una cistoscopia, un cistograma o un ultrasonido pélvico.

Dentro de los tratamientos se encuentran las técnicas de entrenamiento para fortalecer el piso pélvico, algunas conductuales para acostumbrar a la vejiga a orinar por horario, la dieta para disminuir el estreñimiento y una adecuada ingesta de líquidos. También incluye medidas básicas de higiene. Durante este manejo inicial, el cuidador tiene un rol muy importante al acompañar a la persona, por ejemplo, a que cumpla con la dieta establecida, siga los horarios para orinar, realice los ejercicios que se le prescriben, tome los medicamentos a las horas señaladas y siga los cuidados recomendados en caso de cirugía.

Los fármacos que se emplean para el manejo de incontinencia incluyen los anticolinérgicos, los bloqueadores de los receptores alfa, el estrógeno tópico y el mirabegron. Otros tratamientos incluyen aparatos médicos como el dispositivo de inserción ureteral y el Pessary (anillo duro que se inserta en la vagina y se usa todo el día con el fin de soportar la vejiga), el bótox, los estimuladores nerviosos y la cirugía.

El cuidador debe ser un apoyo también para que la persona cumpla con las citas establecidas para los tratamientos y estar al tanto de la evolución y de las complicaciones que se puedan presentar con el tratamiento.

Algo que se debe tener en cuenta es que la incontinencia urinaria no sólo genera un impacto personal y físico, sino que también tiene un impacto financiero importante. La persona requerirá de elementos como catéteres, toallas absorbentes o pañales, que aumentan el gasto por esta condición, pero que suelen ser necesarios para evitar irritación y otras complicaciones.

En este sentido, la complicación más frecuente es la irritación de la piel. Para prevenirla, el cuidador debe estar atento a que la persona afectada use una barrera para proteger la piel, como una crema (vaselina, manteca de cacao u otra) y a que limpie adecuadamente la zona con agua después de una afectación en la piel. Otra complicación asociada son las caídas, especialmente en personas con incontinencia de urgencia, que suelen enredarse con los objetos durante la noche por intentar llegar al baño. En este sentido, es importante que el cuidador se asegure de que la persona tenga un camino despejado. Se recomienda retirar muebles, tapetes y dejar el baño abierto y disponible. Si la persona tiene dificultades para movilizarse, resulta útil tener una bacinilla cerca de la cama.

Finalmente, el cuidador debe saber cuándo consultar a un servicio de urgencias si la persona:

  • Pierde repentinamente el control de la orina y tiene dificultad para caminar, hablar o presenta confusión. Esto puede indicar que está teniendo un accidente cerebrovascular u otra condición que requiere un manejo de urgencia.
  • Presenta debilidad, adormecimiento u hormigueo repentino en una pierna o brazo.
  • Pierde la visión.
  • Pierde la conciencia.

Adicionalmente, se debe llamar al médico tratante si la persona presenta orina nublada o con sangre, goteo, necesidad de orinar frecuentemente, dolor o ardor al orinar, dificultad para iniciar la micción o fiebre, todo lo que puede sugerir una infección o un problema mayor.

Escrito por: redacción Avances en Salud, Editores Académicos SAS. Septiembre 2016.

Referencias:

  1. http://www.hopkinsmedicine.org/healthlibrary/conditions/adult/kidney_and_urinary_system_disorders/urinary_incontinence_85,p01528/
  2. http://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/urinary-incontinence/basics/alternative-medicine/con-20037883
  3. https://medlineplus.gov/ency/article/003142.htm